lunes, 23 de noviembre de 2009

Vicente se bebió todas las estrellas, se quedó dormido y ya no despertó


Vicente

    Tenía diez años cuando llegaste y me regalaste casi dieciséis. Enseñaste a mi abuela a amar a los animales aun más que yo. Dejaste un lugar vacío aquí, lágrimas y un testamento lleno de más de mil recuerdos. Vicente, ya te extraño tío perrito.

     Espérame en el puente sobre el arcoiris con mi papá, tus hijos, tu esposa y todos los que ya se nos han ido. Lo que se ama nunca muere.


Vicente y Kimberly (su hija)


Comino (su esposa) y yo


Kimberly (su hija)

     Te fuiste como llegaste, conmigo pero esta vez quien durmió fuiste tú y yo quedé contigo y sin ti.



Vicente y su mamá humana

domingo, 22 de noviembre de 2009

Micros de una campaña de protección animal, realizados por Mariana Rivas Garabán en la emisora radial Independencia 103.1 FM



Micro 1: El abandono de animales causa accidentes de tránsito.





Micro 2: Los animales silvestres no son mascotas.




Micro 3: Organización no gubernamental de protección animal y ambiental PRANAM.




Micro 4: Adopción de animales abandonados.




Micro 6: Abandono de animales: Los callejeros, aunque no tengan dueño son responsabilidad de todos.

¿UN CACHORRO CON SUERTE?

      El primero de los meses de mi vida en la tierra transcurrió en compañía de mi madre y hermanos. Era un cuarto de baño nuestro hogar, un humano nos visitaba; él repetía cada día a mi madre que pronto saldríamos de allí.

      Me emocionaba la idea de conocer el mundo. Mamá agitaba su cola al contarnos de lo mucho que había por conocer fuera de esa pequeña habitación, igualmente comentaba acerca de la bondad de su amo, aseguraba que pronto vendrían caricias y juegos.

      La mañana del treintavo día de mi vida, el humano entró al aposento. En una de sus manos traía una caja, los tres cachorros cupimos en ella. Yo saltaba intentando alcanzarlo con mi lengua pero no podía. De esta forma comenzó el viaje pero sin el calor del pelaje blanco manchado por tonos grisáceos de mamá.

      Aunque no sabía porqué ella no nos acompañaba, me emocionaba la idea de conocer el mundo, los mimos de las manos del amo, los juegos que me habían prometido, todo aquello estaría por venir. El meneo de mi cola no cesaba.

      Pero no salimos al jugar en el jardín, no habían flores para olfatear en el automóvil donde mi entusiasmo se disipaba entre el frío del viento que entraba por la ventanilla y el movimiento que inclinaba de un lado a otro la caja en que viajaba junto a mis hermanas, temíamos caer y la agitación de rabadillas se sustituyó por llanto. Entretanto, el humano se quejaba con gritos.

      El recorrido acabó cercano a la mitad del día, lo supe porque el sol estaba en el punto más alto del cielo. Mamá nunca se equivocaba, ella me enseñó numerosas lecciones importantes como esa del tiempo.

      La caja ya no se ladeaba, por fin el movimiento cesó, el automóvil se detuvo. Logré inclinarme y me asomé por la ventana, habían muchos automóviles que se desplazaban rápidamente, pero en los extremos del pavimento observé el verde grama matizado por las flores que mamá prometió, pensé que debía ser otro patio mejor al que madre visitaba.

      Mientras tanto, el humano se ausentó del automóvil pero apareció rápidamente abriendo la puerta del costado dónde estábamos. Luego tomó entre sus brazos la caja que nos contenía, caminó un poco y de este modo nos trasladó hacia la frontera en la cual termina el pavimento y comienzan las plantas; allí nos dejó.

      En ese momento, yo estaba confundido, era profuso el ruido de en aquella vía. Por su parte, el humano caminaba en sentido contrario, me distrajo un pájaro que se aproximaba. De pronto, recordé al hombre, lo busqué mirando hacia todos lados pero se había ido, desapareció junto al automóvil. Estábamos allí, en la cuneta, mis hermanos y yo, en exclusiva compañía del ave que ahora picoteaba mi hocico.

      El sol calentaba nuestros cuerpos, sin embargo el llanto de mis hermanos me desesperaba junto al picoteo que incitó mis primeros ladridos dedicados a aquel animal con alas, al cual logré morder y finalmente alzó el vuelo.

      Pasadas dos horas, el calor ardía, sentía quemarse mi piel mientras me preguntaba cómo poder salir del confinamiento representado por la caja. Intenté saltar repetidas veces sin éxito, no era esa la solución. Entre tanto, me percaté de que una de mis hermanas había dejado de respirar. Seguidamente, lamí su cabeza pretendiendo refrescarla pero no reaccionó: había fallecido.

      En compañía del cuerpo de mi hermana estábamos dos cachorros, excitados, jadeantes, sedientos y hambrientos, preguntándonos cómo llegar hasta nuestra celosa madre y sus pechos que siempre nos habían provisto de alimento.

      Al término de la tarde se respiraba un olor fétido, provenía de los restos de aquella compañera de viaje que no resistió. El cielo se tornó oscuro, comenzaba a llover. El agua fue rasgando lentamente el cartón, logré escapar rápidamente hasta la grama mientras la otra cachorra se deslizaba en el agua pretendiendo seguir mis pasos pero su esfuerzo resultó inútil, la corriente, cada vez más fuerte la arrastró y ya no la volví a ver.

      Llegó la negra noche, impávida y serena. Había dejado de llover pero mi cuerpo aún mojado temblaba. Decidí caminar hasta encontrar a mi hermana, no sé cuánto tiempo pasó, la noche es exageradamente larga. Con todo, ya exhausto me acosté al lado de una raya blanca dibujada en el pavimento, tenía sueño.

      Las luces de los automóviles nublaban mi vista, ardían mis ojos, nuevamente mi madre era la protagonista en mis pensamientos. De ella, comenzaba a extrañar las enseñanzas, el amor, las lamidas y hasta los gruñidos. Ansiaba recostarme en su regazo a beber de su cuerpo ese líquido blanquecino que me alimentaba, escuchar sus latidos, ver el movimiento de esa, su cola, que se movía alegremente. Precisamente, pensando en mamá conseguí relajarme, inexplicablemente la sentía cerca y comencé a soñarla.

      En ese sueño aún vivo. Hoy no tengo hambre, ni sed. Todas mis necesidades están cubiertas al lado de mi madre y mis hermanas aquí en el puente sobre el arcoiris*.

      El trayecto a este lugar fue corto, bastó un estrépito frenazo para devolverme mi familia y con ella mi felicidad.

      Mi intrincada vida en la tierra terminó rápidamente. Sin embargo, los perros veteranos que he conocido por aquí, dicen que soy afortunado pues no tuve tiempo para sufrir lo que ellos, a los que allá abajo llaman ¨callejeros¨.

      Nunca tuve nombre, collar ni caricias de un amo. Tampoco fui al consultorio veterinario, no jugué con pelotas en el jardín de aquella casa en la que nací, ni siquiera tuve la oportunidad de sentir la picadura de una inquieta pulga, porque me abandonó el humano que quise amar.

      Medito lo que dicen los demás perros pero todavía me pregunto si realmente soy un cachorro con suerte.

* El puente sobre el arcoiris es el ¨cielo de los perros¨ para los animalistas.



Crónica ¨¿Un cachorro con suerte?¨.
Autor: Mariana Rivas Garabán.


Micros de una campaña de protección animal, realizados por Mariana Rivas Garabán en la emisora radial Independencia 103.1 FM

Micro 1:
El abandono de animales causa accidentes de tránsito.

Micro 2:
Los animales silvestres no son mascotas

Micro 3:
Organización no gubernamental de protección animal y ambiental PRANAM

Micro 4:
Adopción de animales abandonados.

Micro 6:
Los callejeros son responsabilidad de todos.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Callejero - Alberto Cortes


Una canción de Alberto Cortez, siempre vigente por la carga reflexiva que nos ofrece acerca de la valoración que le dan algunas comunidades a esos perros que no son de nadie y terminan siendo amados por todos

Insensibilidad SKA-P


Sin alusiones políticas (por lo que representa Ska-P en Venezuela), este tema representa el espíritu anti-maltrato animal de este Blog

CULTURA ANIMAL EN VENEZUELA

Perros y gatos en situación de calle.

      Los llaman mestizos, callejeros o criollos. Algunos tuvieron un hogar en el pasado, extrañan ese lugar caliente para dormir, la comida servida en su plato, el agua fresca a la cual recurrir después de los juegos con sus familiares humanos, entre tantas otras cosas de su antigua vida. Mientras, otros nunca tuvieron nada más que maltrato, nacieron en la calle y a ella se deben.

      En ambos casos, la vida en la calle está llena de peligros.




      Éstos animales deambulan por las calles, duermen en plazas, aceras o en cualquier lugar donde su techo sea el cielo. Hurgan entre la basura y se posan fuera de los restaurantes pues siempre están hambrientos.


      Le temen al hombre y no es por casualidad.




     Darles muerte, ha sido la solución más común. Tomarlos para encerrarlos, atropellarlos con los automóviles o envenenarlos, son prácticas recurrentes en Venezuela.

      Son molestos, afean las calles, son algunas de las impropias razones de las que se valen los que acaban con sus vidas, olvidando el gran potencial que tienen para el adiestramiento pues suelen aprender más rápidamente que los perros criados en hogares. Asimismo, son estrategas, se reúnen en grupos pero son discretos, unos intentan pasar desapercibidos ante las personas por miedo a recibir golpes, otros más arriesgados, toleran el maltrato con menor paciencia y apuestan a la agresividad como respuesta.


El problema: cultura animal.

      Pero el centro de esta problemática es la sociedad y cada uno de sus integrantes, la poca cultura animal que se ha desarrollado.




      En Venezuela, es común escuchar a las personas exigiendo que les sean respetados sus derechos, olvidando que la especie humana es parte del conjunto de especies animales, pero ellos, los otros animales no hablan, no pueden comunicarse efectivamente con la población para hacer valer sus derechos.

      Estos están contemplados en la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, compromiso al cual, Venezuela está suscrita hace más de tres décadas.

      Los animales, tienen principalmente derecho a la vida, a que se les cuide y proteja, a no ser torturados ni explotados en espectáculos para la diversión del hombre, a vivir en libertad y a la satisfacción de sus necesidades básicas.

      Es un problema ético, de valores y educación en el hogar pero también es responsabilidad de las autoridades competentes del Estado.


Compromiso asumido por el Estado venezolano, no cumplido: Declaración universal de los derechos del animal.

      Venezuela está suscrita a este compromiso, sin embargo no ha cumplido con sus obligaciones.


En búsqueda de soluciones.

      El texto de la Declaración Universal de los derechos de los animales permaneció dormido en Venezuela, hasta la última década en que algunos activistas decidieron unirse y conformar distintas ONG que protegen a los animales.




      Así se fue gestando lo que hoy es considerado el Movimiento Pro-Animal Venezolano, presente a lo largo y ancho del territorio nacional. Compuesto principalmente por Animanaturalis, Asociación de protección animal y ambiental PRANAM, Asociación Pro-Defensa de los Animales APROA, Ceprocan, EcoFauna, entre otros, luchan por el establecimiento de un marco legal que defienda a los animales.





      En cualquier calle de Venezuela se pueden encontrar estos perros y gatos productos del abandono. Por ellos, luchan las ONG protectoras de animales en el país. Los rescatan, curan sus enfermedades, les buscan hogar y monitorean el comportamiento de la familia para con el animal. Además, intentan concienciar a la población en la medida de sus posibilidades.

      Al momento, batallan por la aprobación de la Ley de Protección Animal, la cual, parafraseando a Gandhi, significaría un símbolo de progreso de la sociedad venezolana, al ser parte importante del desarrollo de la cultura animal en el país.






La solución está en cada uno de nosotros.

      Si usted tiene una mascota, por favor cuídela, respétela y defienda sus derechos. Nunca piense que abandonarlo es la solución; si se porta mal… edúquelo.

      Si no la tiene, le recuerdo que existe la posibilidad de adoptar porque hay muchos animales en estado de abandono, maltratados, que necesitan una familia capaz de ofrecerles cariño y lo cuidados necesarios.

      En el caso de que sea usted un amante de los perros de raza pura, que se parezcan a la publicidad de un producto en especial o simplemente porque su raza esté de moda, téngalo, pero si además le es posible adoptar uno de estos animales sin suerte apele a su lado sensible y adopte.

      Por último, le invito a pensarse mudo, perdido en la calle, sin tener a donde ir ni que comer ¿no le gustaría ser adoptado?



      Los callejeros, aunque no tengan dueño son responsabilidad de todos.